Por: Luis Gárate

En estos días la derecha ha vuelto a poner un tema de la agenda política, planteando la declaración de “héroes de la democracia” a los comandos del operativo “Chavín de Huantar”, que liberó a 72 rehenes secuestrados por un destacamento del MRTA en el año 1997.

Citando el título de un famoso libro del escritor Ernesto Sábato, este es un caso sobre héroes y tumbas. La declaratoria de héroes a los comandos militares que participaron en dicha acción, abrió el debate sobre si ese hecho fue realmente una “hazaña” para liberar al país de una “amenaza” terrorista contra nuestra “democracia”.

Debemos recordar el contexto e implicancias de este hecho. Nadie puede negar que el secuestro está tipificado como delito por el Código penal y se realizó contra civiles desarmados -con un fin político en este caso- como fue la pretensión de liberar a los principales líderes del MRTA. Ya es historia conocida que tras meses de supuestas negociaciones, el gobierno de Alberto Fujimori preparaba en paralelo el operativo que culminaría con el aniquilamiento del destacamento subversivo liderado por Néstor Cerpa.

La columna del MRTA no amenazó realmente la “democracia peruana”, puso en jaque a uno de los gobiernos más corruptos e ilegítimos de nuestra historia, acusado de haber robado más de 6 mil millones de dólares al Estado peruano, y que envileció la vida republicana peruana con la manipulación de instituciones y los medios de comunicación. El secuestro de la embajada japonesa fue acto de extrema osadía y aventurerismo militar, después de que el MRTA ya había sufrido una derrota política y militar. El operativo Chavín de Huantar finalmente sirvió para refrescar la imagen cada vez más degradada a nivel nacional e internacional del gobierno autoritario y corrupto de Fujimori.

A la derecha en general, pero en especial al fujimorismo y el Apra, que se quieren irrogar ahora la defensa de los “valores patrióticos”, les recordamos que corrompieron de la manera más vil a las instituciones castrenses y policiales, manoseando su institucionalidad, su presupuesto, incluso su moral, promoviendo a los elementos más corruptos de sus filas. Enriqueció de la manera más descarada a elementos que deberían ser declarados traidores a la patria, como al asesor Vladimiro Montesinos y toda su red, a unas cúpulas militares (como las del Gral. Nicolás Hermosa Ríos) a costa de millonarias coimas por la compra de pertrechos militares, muchos de los cuales estaban en mal estado y expusieron la vida de nuestros militares y policías a sabiendas de los riesgos (recordemos el escandaloso caso de los aviones MIG- 29 en mal estado comprados a Bielorusia)

Que no nos pretendan arrinconar. La derecha pretende hacer ver que los que cuestionan sus consignas y sus verdades somos pro terroristas o antipatriotas. Nada más falso. No negamos que el MRTA fue una organización guerrillera que derivó en terrorista con su accionar armado contra el Estado peruano.

Por otro lado, una cosa es reconocer una acción militar valerosa, y que este reconocimiento pase por asignarle los reconocimientos, derechos pensionarios y sociales que merecen los comandos, pero otra muy diferente es darles un rango heroico por una acción de orden interno y que se vio cuestionada por una investigación de un caso de ejecución extrajudicial de uno de los emerretistas rendidos tras la operación. Los héroes en nuestra historia han sido grandes patriotas, que desprendidos de todo interés material, dieron su vida por la defensa de nuestro territorio nacional ante agresores externos y dando muestras de su arrojo, valentía y respeto por la vida del enemigo, como Grau y Bolognesi.

La derecha, como lo suele hacer, manipula los símbolos patrios a su antojo, cuando no tiene cara para hablar de patriotismo. Esta derecha peruana– pasando por el fujimorismo, el Apra, el gobierno de PPK y otros- es la abanderada del lobbismo, del entreguismo de los intereses nacionales, que son los que realmente han puesto en riesgo nuestro interés y soberanía nacionales ante los grandes intereses corporativos transnacionales y ante la corrupción. Por eso no nos pueden dar cátedra de valores democráticos, y menos aún de patriotismo ni de civismo.