Por: Manuel Guerra

Es patente la incapacidad mostrada hasta el presente por la izquierda peruana para unirse en función de un proyecto de largo plazo. Abundan los análisis para determinar las causas, abundan las críticas y autocríticas, las promesas de enmienda; sin embargo, como dice la canción de Sandro: al final, la vida sigue igual. Esta incapacidad en el fondo revela una minusvalía para renovar la política peruana, superar la hegemonía de las clases dominantes y abrir paso a un nuevo Perú. Rencillas de todo tipo, obsesivas ambiciones por las pequeñas cosas, celos, frustraciones y complejos, alimentan viejas y nuevas rivalidades, y hacen de los discursos envolturas poco confiables para las mayorías.

Sendero Luminoso representa una de las corrientes más nocivas y pervertidas que, surgida desde la izquierda, la izquierda debe ser la primera en combatir y derrotar. Esto es una consideración de carácter estratégico para la izquierda, una de las condiciones para su avance y madurez, una obligación para evitar que el movimiento popular sea influenciado y dañado por este cáncer. Ninguna consideración táctica, ningún interés mezquino, debe ser motivo o pretexto para conciliar con este sector.

Pero no ocurre así. Luego de la derrota de su aventura armada, las huestes de Sendero o bien se convirtieron en colaboradores de los gobiernos de turno, en viles soplones y divisionistas de las organizaciones sociales, o bien se coludieron con el narcotráfico para proseguir con sus desquicios terroristas. Crearon organismos de fachada y se infiltraron en determinadas organizaciones políticas, y, por esa vía, accedieron a gobiernos regionales e, incluso, simpatizantes suyos, al Parlamento.

En la presente coyuntura, Sendero Luminoso y su socio Pukallacta están desatando una nueva intentona de dividir al sindicato de maestros, el SUTEP. Aprovechándose de las justas demandas y descontento del magisterio, colocan como enemigo principal a la dirección nacional del sindicato, partiendo de la premisa que ésta responde a los intereses de Patria Roja. Como no han podido ganar hegemonía en buena ley, respetando la institucionalidad del gremio, optan por la división, el desconocimiento del Comité Ejecutivo Nacional, acompañado de una sucia campaña de calumnias y mentiras en contra de Patria Roja.

Lo penoso y preocupante es que, dominados por un pensamiento pragmático  y ausente de escrúpulos, determinados grupos de la izquierda les hacen coro y sirven de comparsa. En el fondo se trata de golpear a un partido de izquierda —Patria Roja—, al que consideran rival, y asumiendo la lógica de “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”, pretenden sacar provecho de la situación, usando como cobertura el “apoyo a las bases magisteriales”. Que determinados gobiernos regionales, movidos por cálculos electorales, o que representantes del fujimorismo u otros sectores de derecha, usen la intentona de Sendero y Pukallacta para sus propios fines, es entendible. Hacen lo que tienen que hacer y lo que les dicta su sello de clase. Pero que gente que se reclame de izquierda esté haciendo de tonto útil, es otra cosa.

Debilitar al SUTEP, uno de los pocos gremios que no ha podido destruir el neoliberalismo es irresponsable. Se puede discrepar de Patria Roja, criticarlo, disputarle posiciones en el ámbito político y social, pero hay que hacerlo de manera honesta, como corresponde a quienes encarnan una nueva forma de hacer política. Apoyar a las demandas y lucha del magisterio, solidarizarse con los sectores que están en huelga en el Cusco y otras regiones, y no deslindar con la conducción irresponsable de la dupla Sendero-Pukallacta, o bien es miopía, o bien oportunismo político.