Por: Mario Tejada

 El trabajo precede al capital y es independiente de él. El capital es fruto del trabajo y no podría existir si este no lo hubiera precedido. Puede haber trabajo sin capital, pero no capital sin trabajo. Por eso el trabajo es siempre muy superior al capital.
                                                      Abraham Lincoln

Esta acertada aseveración expresada por uno de los grandes presidentes de los Estados Unidos, extraída de la obra de Emil Ludwig, El Presidente Lincoln, debe estar presente los 365 días del año en todas las personas que nos proclamamos de izquierda. Y más todavía para los que asumimos el marxismo leninismo como guía para nuestra  acción política. Ello, para que los trabajadores y trabajadoras la asuman como un acto consciente en su vida laboral.

MARX Y MARIÁTEGUI
En estos tiempos, cuando el neoliberalismo nos ha aislado ideológica y políticamente de las clases populares a nivel mundial, y en nuestro país su triunfo se hace sentir con mucha más fuerza en relación con los de América Latina, es urgente retomar el estudio de Carlos Marx, que, sin ninguna duda, es el mayor investigador que desde una perspectiva científica explica la problemática del trabajo y de los trabajadores en el sistema capitalista, y de las relaciones de explotación que existen entre la burguesía y la clase obrera y los trabajadores.

Si algo hay que resaltar en la acción política de Mariátegui es su preocupación por organizar a la clase obrera, al campesinado, a los intelectuales y artistas teniendo como marco la investigación sobre la realidad peruana y un buen conocimiento de la realidad mundial. Su labor educadora para las clases sociales explotadas de nuestra patria,  es una práctica que la izquierda y los marxistas la hemos dejado de lado; igualmente, no hemos contribuido a que se continúe su labor antiimperialista que se sintetiza en su famosa frase: Peruanicemos el Perú.

Con Carlos Marx ha sucedido igual. Me atrevería a señalar que hemos olvidado su  pensamiento sobre la alienación en el trabajo, la plusvalía y las relaciones de explotación que se dan en el marco laboral; lo cual ha traído como consecuencia  que poco o muy poco estemos contribuyendo  a sentar las bases para la lucha por el  del socialismo en nuestro país y en América Latina.

Las consecuencias de lo expuesto  es que la ideología y cultura neoliberales han invadido profundamente  una parte importante de nuestra población. Y el individualismo y el “yo  puedo solo” se ha adueñado de los espacios laborales, haciendo de estos una jungla en la cual es difícil organizar a los trabajadores para que luchen por sus derechos y se respeten sus conquistas adquiridas; las cuales son producto de arduas luchas en el siglo XX, incluyendo, lamentablemente, muchos   muertos, que se han convertido en nuestros mártires, en nuestros héroes. Ellos sí, silenciados por los grandes medios  de comunicación, que mejor sería denominarlos de desinformación.

Retomar el trabajo político teniendo  como base una buena formación de cultura política, que tenga como fundamento las obras de Marx en relación a la crítica a la economía capitalista, los aportes de Lenin y de los más destacados investigadores marxistas del siglo XX y lo que va de este siglo, es la mayor contribución que los marxistas pueden realizar a  los trabajadores, al pueblo y a la izquierda de nuestro país.

LAS BATALLAS CONTRA EL ENEMIGO INVISIBLE
Las ideas impuestas en nuestras mentes  que logran representar una falsa realidad, es una batalla –pero no la guerra-, que la cultura política del capitalismo imperialista le va ganando a las ideas marxistas y al socialismo. No vamos a repetir los argumentos que explican el colapso del denominado socialismo real, y que la burguesía mundial aprovechó muy bien para infligirnos una gran derrota; ahora, es imprescindible comenzar a revertirla estudiando y comprendiendo al detalle los estudios e investigaciones de marxistas  sobre la economía capitalista y las relaciones de explotación por ella creadas en pleno siglo XXI.

El trabajo es la relación que los seres humanos establecen con la naturaleza para transformarla y  satisfacer sus necesidades, creando riqueza. Esta labor que es ejecutada por los trabajadores, en el capitalismo está alienada, enajenada, porque ellos, principalmente los obreros, al vender su fuerza de trabajo como cualquier otra mercancía, los productos creados los consideran ajenos, que no les pertenecen, y por tanto se halla fuera de su dominio.

Este hecho alienante, enajenante, es trascendental en las relaciones de los seres humanos, constituyéndose en la condición sine qua non que es la base para explicarnos la creación de la plusvalía y de las relaciones de explotación. Superar las mismas, supone que los explotados tengan plena conciencia de su labor como productores y dueños de la riqueza por ellos creada, algo que parece muy simple, pero que la cultura y la ideología capitalista la vuelve muy compleja, imponiéndolas a los clases populares, al pueblo, a través de diferentes mecanismos como dominar los medios de producción y el capital y que los explotados la consideran como algo natural; igualmente reglamentan la educación, algo muy importante; controlan los medios de comunicación y tienen como aliados a las diversas tradiciones que heredamos de la cultura dominante siglos atrás, entre otras.

Estos mecanismos invisibles, que constituyen parte de la cultura oficial, conllevan como resultado que los de abajo acepten, como lógica, sus condiciones de vida y existencia. A esta realidad hay que declarar batallas permanentes, que nos permitan ganar la guerra, teniendo presente que las mismas serán de larga duración, con avances y retrocesos, como ocurrió a finales del siglo pasado.

En la actualidad estas batallas son más complicadas y duras que las de finales del siglo XIX y los  primeros 60 años del siglo XX, cuando hubo un incremento significativo del pensamiento marxista. En estas últimas décadas, el desarrollo de las ciencias con la nanotecnología y astrofísica, nos permite un mejor conocimiento del espacio y de la vida en todas sus formas a nivel micro y macro, pero también una mayor y mejor manipulación cultural política de los pueblos de los diversos continentes por el imperialismo. Ello ha puesto al género humano al borde de su extinción por el afán de generar mayor plusvalía y concentración de la riqueza  de forma incontrolable.

Por ello, la lucha por el socialismo adquiere más vigencia en la actualidad, ya que no solamente combatimos para abolir las relaciones de explotación, sino, también, para poder seguir habitando, las mujeres y los hombres nuestra casa denominada  Tierra.

Para continuar con esta gigantesca tarea , es necesario de nuevo recurrir al presidente Lincoln, levantando para nuestra izquierda la bandera de lucha que propuso: Asegurar a cada obrero el producto íntegro del trabajo, o por lo menos, en la mayor proporción posible, debe ser el objetivo de todo buen Gobierno.