PONER EN TENSIÓN LAS FUERZAS DEL PARTIDO DE CARA AL IX CONGRESO

Por: Alberto Moreno Rojas

Se acorta el tiempo que dista hasta el IX Congreso del Partido. Necesitamos poner en tensión toda la estructura del Partido para asegurar que sea un evento exitoso, unitario, transparente, que siente las bases firmes del Partido revolucionario de masas que estamos empeñados en construir.

Por las circunstancias en que se llevará a cabo,  por la dimensión de los problemas que debe abordar y resolver, y por las condiciones en que se llevará a cabo, debe ser un Congreso de reflexión, crítico y autocrítico, que prepare al Partido para asumir con firmeza las tareas que nos corresponde en el período post congresal.  

La sociedad se encuentra en constante movimiento y cambio. Situaciones nuevas exigen también respuestas nuevas. La lucha de clases no cesa un minuto, aunque haya quienes nieguen su presencia. La crisis política es mucho más que el escándalo a que nos quieren acostumbrar desde el Congreso, y más de las reformas limitadas que el gobierno exige se aprueben pronto.

El Estado neoliberal que se nutre de la Constitución fujimorista de 1993, está en cuestión. Sus instituciones están atravesadas por la corrupción y la impunidad. La economía no es lo exitosa que nos presentan. Crece la desocupación, los ingresos económicos de la mayoría de la población son de lejos insuficientes,  decrece el consumo, se incrementa la criminalidad, la pobreza aumenta a despecho del INEI.

La crisis de los partidos políticos es una realidad que no se puede ocultar. Se han convertido en rótulos que sirven para legitimar candidaturas, o para comprarlas como cualquier producto en el mercado. La mediocridad, la ausencia de principios, el oportunismo, el caudillismo, son moneda corriente.

La izquierda tampoco escapa a esta tendencia que  empobrece la política peruana. En lugar de servir al pueblo peruano, a la patria, muchos que se reclaman de izquierda no miran más allá que su interés personal. Para ellos la coyuntura se ha convertido en el horizonte a alcanzar. Con esta visión estrecha, de llegar al gobierno local, regional o nacional, se corrompen o administran como cualquier individuo de derecha.

En ese ambiente se abre paso en importantes sectores de la población el pesimismo, la sensación de que esto no tiene cura, de que la política es sinónimo de corrupción y aprovechamiento. El resultado es  la debilidad de las agrupaciones políticas, la ausencia de “mito” que reclamaba Mariátegui, el poco apego al programa, a la organización, a la disciplina, al sentido heroico de la lucha y la vida.

Recuperar el rol fundamental del partido político como promotor, orientador, organizador y constructor de las fuerzas del cambio social, es de especial  importancia. La condición necesaria para superar la vieja herencia caudillista hoy lamentablemente dominante, para construir la alternativa transformadora que demanda a gritos el Perú. En fin, para agrupar a la vanguardia ahora dispersa,  impotente por su fragmentación  para abordar estas tareas.

Todo período de crisis agudiza las contradicciones de la sociedad y obliga a definiciones. En estos tiempos la pasividad se convierte  en aceptación cobarde de  lo establecido,  Por eso mismo exige claridad de rumbo,  capacidad de acción política y social, voluntad de liderazgo, ligazón estrecha con el pueblo y sus luchas. Y, sobre todo, unidad, la unidad más amplia en torno del proyecto que se cree posible y realizable.

Entonces la política de izquierda y socialista tendrá sentido, diferenciándose nítidamente del proyecto conservador y neoliberal, de quienes apuestan por la continuidad de lo establecido.

De allí la importancia y oportunidad del Congreso partidario. La necesidad que tenemos de examinar lo realizado por el Partido en la última década, sus luces y sombras, sus avances o deficiencias. Conocer la realidad del país, del período y de nuestra organización, para saber qué  terreno pisamos y qué tenemos que hacer para avanza con iniciativa y audacia hacia el partido revolucionario de masas.

Nuestro congreso debe ser, por la razón indicada, un congreso de evaluación seria de la realidad del país, de las tareas que nos corresponde asumir y de la capacidad para llevarlas a la práctica.

Todos  los militantes deben participar con entusiasmo esmerándose en captar las ideas centrales en debate, aportando sus puntos de vista y propuestas, criticando lo que haya que criticar para superar los errores, pero afirmando, al mismo tiempo, su espíritu unitario y partidista. Cerrar un ciclo, abrir otro, tal el reto que nos corresponde asumir con firmeza, coraje y dignidad comunista. Renovarnos siempre persistiendo en nuestros principios, es el legado que heredamos de Mariátegui que debemos honrar en los hechos.