No hay día, ni hora, medio de comunicación o red social en que el  centro de los ataques de Sendero Luminoso-Movadef- Conare o cualquier otro disfraz que tomen, no apunte contra Patria Roja. Si fracasan, la responsabilidad es de Patria Roja. Si llueve, también. En esta tarea se unen sus diversas fracciones aunque por dentro se den puñaladas entre ellos.
El centro de esa campaña de liquidación, su “programa”, se resume en pocas palabras: “traidores”, “corruptos”, “vendehuelgas”. Ningún argumento, ninguna demostración de nada, ninguna prueba, ninguna idea, ninguna propuesta seria y responsable. Y, sin embargo, engañan, crean ilusiones, construyen “sus verdades” fundadas en mentiras. “Miente, miente, miente, que algo queda” era una máxima de Joseph Paul Goebbels, el siniestro ministro de propaganda de Hitler que, por lo que se ve toman de maestro. 
Han hecho de la huelga su rito cotidiano. No hay año en que no propicien huelgas y más huelgas, todas ellas fracasadas, todas ellas inútiles para alcanzar la más mínima reivindicación de los maestros, sector donde más operan. Y en el centro de sus ataques Patria Roja. Siempre Patria Roja, porque creen que sacándolo de en medio tienen el camino libre para sus proyectos políticos.
No les interesan los maestros, sus derechos y reivindicaciones, ni los alumnos que pierden clases, ni la educación, ni nada que no sea posicionarse del escenario. Su sueño máximo es la amnistía del “presidente” Gonzalo. Si tuvieran coraje y dignidad, un  mínimo sentido de responsabilidad,   dirían lo que piensan, confrontarían ideas y propuestas, demostrarían su verdad. Pero no es así.
El coronel Aureliano Buendía participó en 32 batallas, todas ellas perdidas. Esto ocurre en la novela Cien años de soledad, escrita por García Márquez. En la vida real  Sendero Luminoso-Movadef-Conare, se ha empeñado en decenas de huelgas en el magisterio, varias por año, y todas las han perdido y las seguirá perdiendo. Es que el aventurerismo y el oportunismo nuca garantizan buena cosecha.
Menos aún  si lo que los caracteriza es el odio visceral, el desprecio de la gente, la herencia criminal que arrastran desde los luctuosos años ochenta, las promesas imposibles para pescar incautos. Desde luego, una cosa es la cúpula senderista; otra los trabajadores confundidos, atemorizados o indignados, que son la abrumadora mayoría.
Para empezar, deben rendir cuentas del crimen cobarde cometido contra María Elena Moyano, lideresa del distrito de Villa el Salvador, y con ella otros miles, documentados, a lo largo y ancho del país que iremos mostrando. Respondan: cómo justifican el asesinato a mansalva de una mujer por su sola condición de luchadora social. Luego con qué moral pueden hablar de democracia o de derechos de las gentes. Tengan el coraje de responder de frente, no con el puñal oculto.