Por: Augusto Lostaunau Moscol*

“Se cierran las puertas con sonido triste y oscuro, se cierran las puertas del futuro”  (José María Eguren).

El 10 de mayo de 1933 las hordas nazis quemaron miles de libros en toda Alemania. Fueron estudiantes universitarios militantes y simpatizantes del Nacional Socialismo quienes luego de saquear las bibliotecas de sus universidades, prendieron fuego al producto más importante de toda la civilización: el libro. El pretexto fue sencillo: atentaban contra el espíritu alemán y había que destruirlos. Para esa noche, cientos de obras de la más importante intelectualidad alemana y europea se encontraba en cenizas. Cientos de años de producción académica, intelectual y artística sucumbió frente al fanatismo ciego y febril. El mundo civilizado miró asqueado ese accionar y, desde ese momento el libro se convirtió en sinónimo de civilización, mientras que, su preservación elevaría a las sociedades a verdaderos estados civilizados. Las bibliotecas se convirtieron en lugares de culto a la razón y el conocimiento.

Treinta años después, en el Perú, se inauguró el primer gobierno del arquitecto Fernando Belaunde Terry, quien –en su momento- fue considerado un político de avanzada y “progresista”. Se enfrentó en 1956 a la candidatura aristocrática y ultraconservadora de Manuel Prado Ugarteche (que contó con el apoyo del Partido Aprista Peruano), perdiendo por escaso margen. En 1962, un golpe de estado no permitió terminar con el proceso electoral. Siendo ganador de las elecciones generales de 1963 aunque, en el Congreso de la República, la coalición PAP-UNO (antiguos acérrimos enemigos), prácticamente impidió la realización de su programa de gobierno.

Pero, el gobierno de Belaunde tuvo que enfrentar las luchas guerrilleras del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En 1963, una columna del ELN intentó ingresar al Perú por Puerto Maldonado, siendo batidos por miembros de la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas. El saldo fue la muerte de Javier Heraud (Elías-Salazar 1976). El ELN fue forjado por Juan Pablo Chang Navarro (viejo militante del PAP). En 1965 el MIR, encabezado por Luis de la Puente Uceda (reconocido ex militante del PAP), Gonzalo Fernández Gasco, Máximo Lobatón y Claudio Velando, decidió dar inicio a su lucha armada que fue reprimida hasta la extinción por parte de las Fuerzas Armadas y asesores estadounidenses, quienes aplicaron métodos que después serían conocidos durante la Guerra de Vietnam. Ese mismo año, el ELN se reorganizó en el frente Javier Heraud, dirigido por Héctor Béjar, quienes también fueron reprimidos y sus líderes capturados. En Lima, militantes del MIR encabezados por José Fonkén Piedra (antiguo militante del PAP), Carlos Cerdeña, Jorge Salazar y Juan Cristóbal. Ellos realizaron asaltos a bancos para financiar la guerrilla (Juan Cristóbal 2016).

Estos hechos guerrilleros originaron cierto temor hacia el comunismo que fue astutamente aprovechado en el Congreso de la República por la coalición PAP-UNO con clara intención de obligar al gobierno a imponer una política represiva contra cualquier organización que “atente” contra el “orden democrático”.  Además, los medios de comunicación particulares iniciaron una campaña de satanización de todo aquello que “tenga color comunista”. El temor al “comunismo” llegó a situaciones de parodia. Así por ejemplo, se llegó a prohibir canciones cuya letra mencionara Unión Soviética, Moscú, Revolución, etc. Es el caso de Nathalie1, canción de 1964 cuya letra es de Pierre Delanoë. El cantante Gilbert Bécaud estuvo a cargo de la composición y de la interpretación. Eduardo Gonzales Viaña indica que “Nathalie no era una peligrosa subversiva. Era una guía de turismo. El francés que la evocaba pronunciaba sin embargo palabras espantables como “tumba de Lenin”, “revolución de octubre”, “Plaza Roja” que mencionaban a Rusia, un país que estaba en la lista de los prohibidos en el pasaporte peruano” (2016:16). Pero, en el Perú de Belaunde fue prohibida.

Pero, el gobierno de Belaunde también contó con sus escándalos de corrupción. Entre 1964 y 1966 los Buques Armada Peruana Chimbote y Callao fueron utilizados por mafias organizadas e integradas por miembros de Acción Popular (AP partido en el gobierno), funcionarios públicos, empresarios, dueños de medios de comunicación particulares, miembros de la Marina de Guerra del Perú y la Guardia Civil para ingresar al país autos y artefactos eléctricos en forma clandestina. Éste contrabando generó un escándalo mayor. La defraudación tributaria alcanzó varios millones de soles. Desde el gobierno se entorpecieron las investigaciones. El BAP Callao fue intervenido por la Policía de Investigaciones del Perú encontrando gran cantidad de objetos de contrabando. Finalmente, el golpe de estado de 1968 no permitió esclarecer este acto de corrupción. (Vargas 1976).

Además, el 24 de mayo de 1964 se produjo la Tragedia del Estadio Nacional, donde más de 300 personas murieron luego del partido de futbol entre las selecciones de Perú y Argentina. Luego se produjeron disturbios en toda la capital. La prensa particular mencionó la “infiltración” comunista entre los indignados manifestantes (Salazar 1980). El gobierno centró sus acusaciones en el famoso “Negro Bomba” quien al ingresar al campo para agredir al árbitro fue duramente reprimido por la Guardia Civil, causando la protesta de los espectadores. Luego bombas lacrimógenas y balas se escucharon generando una estampida humana. El recordado Negro Bomba fue un vago del barrio de Breña, elemento de mal vivir reclutado por el PAP como fuerza de choque para reprimir en forma violenta a los estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, controlada políticamente por el PAP y dirigida por Luis Alberto Sánchez (Rúa 2014). El accionar violentista y terrorista del PAP en San Marcos ha sido negado siempre por los militantes del PAP, pero en las memorias de Roberto Okura de la Cruz (1994) se puede leer cómo los búfalos del PAP atacaban a los estudiantes sanmarquinos, narrando él su participación en una pelea en la Facultad de Derecho en 1960.

“Los árboles son cuerpos llenos de cicatrices,

cada hoja que rueda musita una tristeza”

(Luis A. Rivero).

 

En el Perú, no fueron nazis los que quemaron los libros a inicios de 1967. Fueron funcionarios del correo de Lima –dependencia del Ministerio de Gobierno- los que, en el patio de su institución y apoyándose en la oscuridad de la noche, procedieron a quemar libros retenidos por ser “comunistas”. Estos libros “comunistas” fueron importados legalmente por reconocidos libreros como Juan Mejía Baca y Francisco Moncloa. Importados legalmente, es decir, pagando los respectivos impuestos e indicando títulos y autores. Pero igual, los libros fueron quemados. Juan Mejía Baca hizo la denuncia pública a través de los medios de comunicación. Ante una protesta de Editorial Grijalbo, el Correo respondió que “…los restantes [libros] fueron incinerados de acuerdo a la legislación interior del mencionado país [Perú], por contener literatura comunista…” Así, en el Perú de 1967, gobernado por el electo presidente Fernando Belaunde Terry, se realizó un acto como el de mayo de 1933. No eran nazis –como ya se dijo- pero eran igual de fanáticos o individuos temerosos de ideas que jamás llegaron a comprender. Las denuncias varían. Según algunos medios fueron confiscados y retenidos cerca de 50 títulos; en cambio, otros sostienen una cifra mucho mayor (hasta 500 títulos). ¿Cuáles eran estos libros comunistas que merecieron ser quemados?  A pesar que oficialmente no se consignó los nombres de los libros y sus autores, existe una reconstrucción a partir de las declaraciones de los propios importadores y editoriales. La lista es de lo más inverosímil. Tenemos:

  • La Revolución Teórica de Marx (Louis Althuser)
  • China el otro Comunismo (K. S. Karol)
  • Armas en la Conquista de América (“Solicitado por la Escuela Militar de Chorrillos”)
  • Marx y el Concepto del Hombre (prólogo de Erich Fromm). Texto de lectura obligatoria en la Universidad Nacional Federico Villarreal y Pontificia Universidad Católica del Perú.
  • La Guerra de Vietnam (Wilfred Burchett)
  • Las biografías de Lenin, Stalin y Trotsky (Oxford University)
  • Diez Días que Estremecieron al Mundo (John Reed, publicada en 10 capítulos por la revista Life)
  • La Nueva Clase (Djilas)
  • Contradicciones del Comunismo (S Cro)
  • Mi Vida (León Trotsky)
  • El Anti Dureig (Friedrich Engels)
  • El Capital (Karl Marx)
  • La URSS y el Futuro (Schapirom)
  • El Espionaje Soviético en Acción (León de Poncins)
  • Cómo el Kremlin se apoderó de Cuba (M Gilmore)
  • El Materialismo Dialéctico (G Wetter)
  • Doctrina Militar Soviética (Raymond L. Garthoff)
  • Marxismo y Comercio Internacional (Manuel Funes Robert)
  • Historia de las Doctrinas Económicas (Karataev)
  • Historia Económica de los Países Capitalistas (Avdakov)
  • La Economía de las Sociedades Modernas (Oskar Lange)
  • Teoría del Estado y del Derecho (Alexandrov)
  • El Materialismo Histórico (Konstantinov)
  • Estética (George Luckacs)
  • Dialéctica de la Naturaleza (Engels)
  • La Sagrada Familia (Marx)
  • Escritos Económicos (Marx)
  • Teoría Económica de una Economía Socialista (Beckwith)
  • El problema de la Conciencia (Shorojova)
  • Lógica General (Gortari)
  • Psicología Genética (Jean Piaget)
  • Fenomenología del Relajo (Jorge Portilla)
  • Narda o el verano (Novela de Salvador Elizondo)
  • Zona Sagrada (Carlos Fuentes)

Resulta “anecdótico” que los inquisidores que confiscaron los libros y posteriormente los quemaron seleccionaron muchas veces por los títulos o por los autores. Así, cualquier libro cuyo título hiciera referencia a la URSS o al marxismo, era inmediatamente confiscado; si el libro tenía autores con apellido ruso, también era confiscado para ser quemado. El fuego inquisidor de la “democracia belaundista” también devoró libros como los de John Reed y León de Poncins.

Las reacciones no se dejaron esperar. Así, las máximas autoridades de la Universidad Nacional de Ingeniería (arquitecto Santiago Agurto Calvo), Universidad Nacional de Educación “La Cantuta” (Dr. Juan José Vega Bello) y Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Dr. Luis Alberto Sánchez) condenaron este atentado contra la libertad de información; el Dr. Carlos Núñez Valdivia (Universidad San Agustín-Arequipa) demandó sancionar a quienes resulten responsables; el arquitecto Andrés Luna Seminario (Rector interino de la Universidad Nacional Federico Villarreal) indicó que la quema de libros era un grave atentado contra la libertad de conciencia, conocimiento e información. En Huancayo, los estudiantes de la Universidad Nacional del Centro del Perú realizaron protestas, mientras que, la Federación Universitaria Federico Villarreal reclamó en la puerta de su universidad.

En México, Uruguay, Colombia, Argentina, Chile y España, el hecho fue rechazado calificándolo como regreso al Medioevo. Gabriel García Márquez elevo su voz de protesta en nombre de los escritores latinoamericanos. Hasta que, finalmente, Juan Mejía Baca devolvió al gobierno “Las Palmas Magisteriales” y “El Sol del Perú”, condecoraciones que recibió de manos del presidente Fernando Belaunde.

A pesar de las protestas y el rechazo, el gobierno negó siempre los hechos aunque, una comisión del Congreso de la República logró acumular evidencia de su realización.

*Historiador (UNFV). Docente en la Facultad de Derecho y Ciencia Política UNMSM. Referencias:

Elías, Alaín y Jorge Salazar. Piensan que estamos muertos. Mosca Azul editores. Lima-Perú. 1976.

Gonzales Viaña, Eduardo. Te vas Alfonsina. En: Poesis Abditus 1. Lima-Perú. 2016.

Juan Cristóbal. Mar de mis entrañas. Memorias. Arteidea grupo editorial. Lima-Perú. 2016.

Lostaunau Moscol, Augusto. Sobre la quema de libros de 1967. En: En Medio de la Tormenta 3. Lima-Perú. 1997.

Mejía Baca, Juan. Quema de libros. Perú 1967. Editorial Juan Mejía Baca. Lima-Perú. 1980.

Okura, Roberto. Memorias de un caminante. Lima-Perú. 1994.

Salazar, Jorge. La ópera de los fantasmas. Mosca Azul editores & Ediciones Treintaitrés. Lima-Perú. 1980.

Rúa, Efraín. El gol de la muerte. La leyenda del negro bomba y la tragedia del estadio. Ruta Pedagógica editora SAC. Lima-Perú. 2014.

Vargas, Héctor. Contrabando. Derechos reservados. Lima-Perú. 1976.

1) “Yo visitaba Moscú, /me acompañaba Nathalie, /un nombre bello el de mi guía /Nathalie.  /Yo visitaba Moscú, /mientras nevaba sobre mí, /bajo un cielo gris me conducía /Nathalie. /Ella hablaba sobriamente /de la Revolución de Octubre /yo la escuchaba,  /ella me hablaba de Lenin, /y al llegar al café Pushkin  /yo, yo la invité. /Era de noche en Moscú /yo su mano la cogí, /y noté que al fin se estremecía /Nathalie, Nathalie. /Me llevó a la universidad /y allí me presentó compañeros de su edad /Nathalie, /y todos los demás, /mil cosas de Paris /preguntaban sin cesar. /Juntos la nevada ucraniana /y el Sena San Michel, /mezclados sin hablar, idear ni fe /luego todos a beber un trago de champagne /con música de salas y de valse francés. /Todos se fueron y allí /todos tenían que partir, /y quedé yo solo con mi guía /Nathalie. /Ya no me hablaba sobriamente /de la revolución de octubre, /me llamaba amor, /no me hablaba de Lenin /mas recordó el café Pushkin /y todo, todo cambió. /Tuve también que partir /y prometió que a parís, /ese día yo seré su guía, /Nathalie, Nathalie”.