La derecha peruana y su concepto de República

Por: Luis Gárate

Un grupo de personas, entre ellos líderes de opinión claramente identificados en posiciones de derecha, algunos vinculados al fujimorismo y el Apra, así como a posturas conservadoras, han divulgado un comunicado en rechazo a lo que consideran es una afrenta del gobierno de Martín Vizcarra a los valores “democráticos y republicanos”.

Es una expresión que la derecha empieza a moverse y organizarse, pensando en las posibles salidas que podría tener la crisis política actual, marcada por la debilidad del gobierno de Vizcarra y la confrontación con el Congreso, que sabemos sigue siendo dominado por el fujiaprismo y sus aliados. El tema del momento es la demora en la aprobación de las reformas políticas presentadas por el Ejecutivo y su comisión de notables que elaboró un paquete de propuestas.

Asimismo en su comunicado este grupo de derechistas rechazan la “criminalización de la política”, pero son ellos los principales aliados de los políticos más corruptos del país. Además son aquellos que todo el tiempo persiguen, terruquean y caviarizan a la oposición de izquierda y liberal. Son los que se hacen de la vista gorda y avalan las burdas maniobras del Congreso y sus fiscales por impedir los avances de las investigaciones contra Alan García y Keiko Fujimori.

La “confluencia republicana”

Recordemos que la república se considera, al entender de la ciencia política, como el cuerpo político de una sociedad por el interés público general, el imperio de la ley, la justicia y la igualdad ante la ley. El gobierno de un Estado republicano debería accesible para todos sus ciudadanos.

Estos señores distan mucho de representar lo que tanto proclaman. Hablan de valores democráticos y republicanos. Proclaman la defensa de la separación e independencia de poderes, de libertades, pero no han tenido reparos en defender al gobierno fujimorista que fue todo menos una democracia republicana, sino todo lo contrario, un régimen que desprecio los más mínimos valores y libertades, que las pisoteó sistemáticamente.

Además cierran filas, como parte de las clases dominantes peruanas, en la defensa de la Constitución de 1993 que instauró el modelo neoliberal en el país. Es precisamente el marco legal que ha sustentado este modelo económico que ha dado pie a esta sistemática corrupción basada en los negocios turbios con grandes empresas, y por el cual se ha flexibilizado los derechos laborales y se pone en riesgo la soberanía nacional y nuestros recursos naturales.

Asimismo hacen un gesto de respaldo a las campañas de los ultra conservadores cuando hablan de la imposición de un “pensamiento moralizante” que “niegan al valor de la familia”. Claramente se trata de un guiño a la campaña “Con mis hijos no te metas” que cuestiona el enfoque de género en la educación y en la sociedad, acusándola de ser una herramienta de “sexualización” y “normalización” del homosexualidad.

Ahora se hace más explícita la agenda y hacia dónde van a trabajar estos sectores de la derecha peruana. Mientras se llenan la boca en defensa de la democracia, deben estar buscando construir un escenario para lograr su retorno a través de un “Bolsonaro peruano”. En el fondo esta derecha tiene un espíritu profundamente autoritario y excluyente, y quieren imponer su orden contra cualquier avance de posiciones más liberales y progresistas. Estamos advertidos.

La batalla por la Nueva República

Mientras el escenario político tiende a polarizarse se hace necesario que los sectores progresistas y de izquierda construyamos nuestra visión de que entendemos por un nuevo pacto social: una nueva constitución política y una Nueva República. Una república no solo formal, de reformas institucionales cosméticas “por arriba”; la reforma política y la construcción de una República de ciudadanos debe hacerse desde abajo.

Debemos confrontar con los valores conservadores y excluyentes de estos grupos, para anteponer un proyecto nacional que exprese la diversidad cultural así como la pluralidad de posiciones políticas que también coincidimos en una agenda donde el interés público se anteponga a los privados; donde la lucha contra la corrupción esté en primera línea; donde la agenda de los derechos de la mujer y la lucha contra el machismo esté definida; así como una economía nacional soberana y en armonía con el medio ambiente.

La batalla está definida, a pugnar por una nueva correlación de fuerzas por un cambio real, con una renovación de liderazgos y de la política o que se perpetúen los sectores que quieren defender lo establecido, con toda la corrupción, su vínculo con las mafias y su esquema de privilegios de siempre.