Por: Augusto Lostaunau Moscol

“Nárrame tus faenas,
tus amores,
tus odios y dolores”.

Jonathan Cornejo (2017)

 

Hace exactamente 40 años, en el Perú la dictadura del General Francisco Morales-Bermúdez Cerruti fue remecida en sus cimientos por el Paro Nacional convocado por cientos de sindicatos y gremios de la clase obrera peruana. Al final de la jornada de lucha, los militares –que estaban en el poder desde el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968- anunciaron su retiro –paulatino- a los cuartes y su decisión de dejar el poder a los civiles, previo proceso constitucional. Lo que al principio fue una gran victoria popular, luego se convirtió en una feroz represión contra las organizaciones y los personajes más conscientes de la política nacional. Casi cinco mil dirigentes sindicales fueron despedidos de sus centros laborales, otros cientos fueron perseguidos, detenidos, torturados, encarcelados o expulsados del país. De esta manera, se iniciaron nuevas luchas populares entre 1978 y 1979.

La promesa de la vida democrática y de la justicia social jamás llegó al Perú. El 28 de julio de 1980 el ex presidente arquitecto Fernando Belaunde Terry, juramentó nuevamente como Presidente de la República. En su mensaje presidencial, anunció la devolución de los medios de comunicaciones, que el gobierno del general Juan Velasco Alvarado había estatizado, a sus antiguos dueños. Con este “acto simbólico” se –según Belaunde- consolidaba la democracia en el Perú. Pero de los miles de trabajadores despedidos no dijo nada. La democracia no sirvió para redimir a la clase obrera.

21 años después, lo mismo sucedería. El gobierno de Alejandro Toledo Manrique pagó una importante suma de dinero al dueño de un canal de televisión que el fujimorato había entregado a los socios minoritarios, adictos y adeptos a la dictadura. Pero, de los miles de trabajadores expulsados de sus centros de trabajo, no dijo nada. La democracia no sirvió para reconocer a la clase obrera. Además, los llamados FONAVISTAS tampoco recibieron nada. Fue gracias al pueblo que votó a favor de ellos en el referéndum que los FONAVISTAS han logrado recuperar algo del dinero que les sustrajeron de sus cuentas.

A cuarenta años del PARO NACIONAL DE 1977, las condiciones laborales y los derechos laborales para miles de mujeres y varones de la clase obrera peruana, han desparecido.  La socióloga Alejandra Dinegro sostiene que:

“La muerte de 3 jóvenes en el incendio de “Las Malvinas”, puso en discusión la evidente precariedad laboral en la que miles de trabajadores se encuentran. Pero a su vez, desmanteló el tan cacareado discurso empresarial del emprendedurismo y el “milagro peruano”. En un contexto de reconstrucción nacional, con un país empobrecido, en términos monetarios, la reforma laboral ya anunciada por el Gobierno, constituye una agresión brutal para los trabajadores en todo el sentido de la palabra”.

La agresión contra la clase obrera peruana continúa. Desde el gobierno, desde los medios de comunicación particulares y con intereses, desde las ciencias sociales, desde el derecho, etc. Hoy la clase obrera peruana recuerda una gran jornada de lucha comparable con las huelgas de 1913 y 1919 que significaron alcanzar la jornada laboral de ocho horas diarias, las cuales no se cumplen porque la ley prácticamente las viola en toda su extensión.

Por ello, la socióloga Alejandra Dinegro agrega que:

“Bien sabemos que las últimas reformas laborales emitidas por PPK y el Ministro de Trabajo, muchas ya en vigencia, están orientadas a resguardar los intereses de las grandes empresas. Eso lo explica el D.S. 007 “Que modifica la ley general de inspección del Trabajo”, básicamente para perdonar las multas por infracciones laborales, y tan solo sancionar con la multa más alta, así tengan otras multas por diversas infracciones. Muchas infracciones y violación de derechos laborales seguirán cometiéndose bajo el gran paraguas legal que otorga el Gobierno…Estas recetas de agudizar las flexibilizaciones ya han sido aplicadas en algunos países vecinos, como Argentina y Brasil. El gran capital fortaleció y cuidó sus arcas a costa de toda la clase trabajadora. Despidos masivos, creación de regímenes especiales, mano de obra barata ofertada a las grandes empresas, así como la imposición de un acelerado despojo de la renta producida por los trabajadores canalizados por los bancos, las AFPs, aseguradoras, tarjetas de créditos, y las privatizaciones de los principales servicios básicos como el agua, la educación, la salud, entre otros”.

Hoy es muy evidente que la alianza: Gran Capital-Gobierno-Medios de Comunicación particulares y con interese; maneja el país a su antojo. Lo maneja a su libre disposición. Y lo maneja con el beneplácito de las ciencias sociales que han olvidado su verdadera función social.

*Historiador (UNFV) a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.