Estimada camarada Bety Soto, viuda de Julio Yovera Ballona;

Hijos e hija de la familia  Yovera Soto, Javier, Daniel, Any, Patricia;
Compañero Luis  Flores Prado, Presidente del Gremio de Escritores del Perú;
Compañeras y compañeros, amigas y amigos, militantes del partido:

Permítaseme justificar mi ausencia en los funerales de Julio, que lo sentí mucho porque me encontraba ausente cumpliendo compromisos con organismos del Partido en el interior del país que no podía incumplir, porque estaban programados con mucha anticipación. Pero mi pensamiento y sentimientos estaban contigo, así como el enorme respeto y aprecio  por una amistad fraterna muy antigua que nos unió, y una relación partidaria ejemplar desde los orígenes mismos del surgimiento del Partido, pues te incorporaste a la política desde muy joven, más exactamente desde los 17 años.

Con tu participación entusiasta y la de otros  camaradas, como el médico Leoncio Amaya Tume, más conocido como Lencho, ejemplar comunista asesinado por bandas apristas, Rufo Cárcamo Ladines, Ricardo Olea Zapata, ambos ya desaparecidos, Roque Pablo Mondragón, entre otros, se asentó el Partido en Piura, se extendió a las zonas rurales, se proyectó a la juventud y al magisterio, con un activismo enérgico, apasionado, que le dieron vitalidad y presencia en toda la región Norteña. Fueron tiempos heroicos, llenos de entusiasmo, de certeza de la proximidad de una revolución que no llegó a cuajar. Pero aquí estamos, en otros tiempos, en otras realidades,  con la misma ilusión y la misma certeza en una causa que será realidad más tarde o más temprano.

Julio, fuiste un abanderado político y humanista. Un ejemplo intachable de comunista leal a sus convicciones en el pensamiento y en la acción,  luchador por los mejores valores del pueblo peruano. En ti encarna la conocida expresión del gran dramaturgo Alemán Bertold Brech: “Se puede ser revolucionario un año, y ser  buen revolucionario; se puede ser revolucionario muchos años, y ser mejor revolucionario; pero sólo los verdaderos revolucionarios luchan toda la vida. Tú consagraste una vida entera al ideal que abrazaste, sin claudicaciones ni medias tintas.

Por todo eso y mucho más nuestro homenaje sentido  como dirigente histórico del Partido, militante sobresaliente por tu valía humana, tu lealtad militante, tu optimismo revolucionario, tu convencimiento  de la justeza y necesidad del socialismo y sus fundamentos ideológicos y teóricos marxistas, tu interés y activismo en la labor cultural y pedagógica, tus esfuerzos en la difusión de las ideas y la acción práctica de José Carlos Mariátegui.

Si José Carlos sólo reclamaba como reconocimiento, su sinceridad, que le da la dimensión de su valía y grandeza, nuestro camarada y hermano Julio tiene como condecoración su honestidad y su consecuencia sin fisuras. Así fue. Así vivió. Así será recordado. Así quisiéramos que se formen las nuevas generaciones de luchadores y comunistas. Tanto más necesario ahora que cunde el pragmatismo utilitario, el individualismo egoísta, la ausencia de grandes ideales que le den sentido y sustancia a la vida y a la lucha política y social.

Julio siempre se sintió orgulloso de su ancestro Tallán. Su poesía enraíza en ese pasado y se proyecta al presente. Hombre sencillo, amó y confió en las potencialidades del pueblo. Hasta pocos días antes de la declaración de su enfermedad, estuvo activo en ese empeño enfrentando la adversidad de la naturaleza en Chosica, junto a su gente, con optimismo, orientando, educando con el ejemplo, sintiéndose uno más entre ellos.

La vida tiene un curso y un final. Nos tocará a todos ese tránsito y ese final. Lo importante es el contenido que le demos, la herencia moral que dejemos para las generaciones que vienen, el ejemplo de vida para orgullo de la familia que queda.

Pero Julio no habría hecho lo que hizo sin la presencia, el apoyo, la comprensión y el aliento de su esposa Bety. Nuestro reconocimiento a ella, nuestro abrazo fraterno en estos momentos difíciles, junto a sus hijos que llevan la marca de un padre ejemplar.

Julio escribió mucho. Hizo poesía. Escribió ensayos.  Sintió el acicate de la belleza del espíritu. Es que la política separada de la cultura y la ética, es fría, demasiado racional para contener las potencialidades del ser humano. En ese aspecto entendió bien y asumió el conocido mensaje del Amauta, a quien admiró y apreció mucho: la política debe significar la conquista del “pan y la belleza” como un todo y como síntesis del quehacer  humano.

Julio, Partiste de entre nosotros cuando más te necesitamos, y también inesperadamente. Participaste entusiasta de la última sesión del Comité Central extraordinario. Entonces nadie podía creer que sucedería lo que sucedió. Ahora no estás físicamente con nosotros. Pero quedan tu ejemplo, tus ideas, tus sueños que hay que seguir construyendo. Queda tu imagen y tu sonrisa de hombre bueno.

Permítanme expresar nuestro reconocimiento a la iniciativa del Gremio de Escritores del Perú que ha hecho posible esta jornada, a los artistas amigos que nos acompañan dándole la fuerza espiritual a este acto de homenaje, a todos los asistentes por su presencia.

Gracias

Alberto Moreno Rojas
Presidente

Lima, 11 de abril de 2017