cultura 1

Por: Ernesto Toledo Bruckmann

Los amantes del futbol recordamos que 1916 marcó el inicio de las competiciones internacionales, al celebrarse en Buenos Aires el primer Campeonato Sudamericano de Selecciones, lo que posteriormente se le conocerá como Copa América. Mientras Europa bañaba sus campos de sangre, Sudamérica lo hacía de gloria, festejando el centenario de la Declaración de independencia de Argentina.

Aunque en la contienda deportiva solamente participaron Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, éste último ganando el campeonato, no cabe duda que la literatura peruana jugó su partido aparte, teniendo como único exponente a un poeta originario de la ciudad peruana de Huancayo.

Isabelino Gradín (1897- 1944), delantero uruguayo de descendencia africana, le daba su primer título a los orientales, al mismo tiempo que se esgrimía como máximo goleador del torneo. Sus hazañas deportivas fueron inspiración para el poeta huancaíno Juan Parra del Riego (1894-1925) quien en 1920 dedicó a Gradín el poema titulado Polirrítmico dinámico a Gradín, jugador de football, un pasaje épico que hasta nuestros días es parte del repertorio literario más emblemático del Uruguay.

Ante los ojos asombrados de Parra del Riego, el atleta uruguayo hace en una cancha de futbol lo que el poeta espera del mundo: Ágil / fino, / alado, / eléctrico, / repentino, / delicado, / fulminante.  

También fue testigo de una realidad inmediata y palpable, de la democratización de las máquinas, del gusto por lo dinámico y por un deporte jugado al ritmo de los endiablados tambores del candombe: yo te vi en la tarde olímpica jugar. / Palpitante y jubiloso, / como el grito que se lanza de repente a un aviador,/ todo así, claro y nervioso, / yo te canto, ¡oh, jugador maravilloso!, / que hoy has puesto el pecho mío como un trémulo tambor.

En su tiempo, Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de fútbol fue un texto muy popular, al punto que se ha consignado que los aficionados lo sabían de memoria y lo recitaban a coro en las canchas donde se presentaba el futbolista que vestía las sedas del club Peñarol y posteriormente dedicado al atletismo.

Y te vi, Gradín, / bronce vivo de la múltiple actitud, / zigzagueante espadachín / del goalkeaper cazador / de ese pájaro violento / que le silba la pelota por el viento / y se va, regresa y cruza con su eléctrico temblor / ¡Flecha, víbora, campana, banderola! / ¡Gradín, bala azul y verde! ¡Gradín, globo que se va! / Billarista de esa súbita y vibrante carambola.

La pasión por el deporte rey se manifiesta al punto de idealizar el simple toque del balón: Tú que cuando vas llevando la pelota / nadie cree que así juegas; / todos creen que patinas, / y en tu baile vas haciendo líneas griegas / que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas.

Por aquel momento Parra del Riego, tras formar parte de la bohemia de Trujillo y hastiado de ocupar puestos burocráticos, salió del Perú  y recorrió Chile, Argentina y Uruguay, para luego embarcase a Europa. Se estableció en París contando con la protección del poeta vanguardista Jules Supervielle, a quien había conocido en Montevideo; tomó así contacto directo con el futurismo y otras vanguardias. En París empezó a tener los primeros síntomas de la tuberculosis que habría de acabar con su vida; también se trasladó a Madrid y Lisboa.

Entre 1924 y 1925 publica sus dos únicos libros: Himnos del cielo y delos ferrocarriles y Blanca luz. Su pasión por el futbol también lo plasmó en Loa del futbol; además de exaltar la velocidad en Al motor maravilloso,  Polirrítmo dinámico de la moto, Polirrítmo de la mujer vegetal y Canto al carnaval. Se enraizó en  la mística positivista, la vitalidad y el ritmo contagiante con Walt Whitman; celebra la naturaleza concebida no como el obstáculo a vencer sino como el otro elemento de la unidad en Nocturno n°5, Nocturno n°6, Mañana con el alba, Los vientos del Perú, Serenata de Zuray Surita, Canción desolada por un muerto lejos y Serenata.

Paradójicamente, si el futbol solo era cosa de hombres, fueron mujeres las únicas asistentes a su partido más importante; la poeta Juana de Ibarbourou y Blanca de Mendilaharsu, esposa del bate Julio Raúl Mendilaharsu, fueron testigos de su matrimonio con la poeta uruguaya Blanca Luz Brum.

El final de Gradín y Parra del Riego no fue tan diferente; mientras el poeta huancaíno murió de tuberculosis en 1925, con apenas 31 años,  Montevideo también fue la tumba de Gradin, quien debido a la extrema pobreza, sus familiares debieron recurrir a la caridad para enterrarlo en 1944.

Nadie es profeta en su propia tierra; el bate huancaíno fue hijo adoptivo del Uruguay, representando para las letras de ese país lo mismo que Gradín, Obdulio Varela y Enso Francescoli para el futbol charrúa.