Por: Manuel Guerra

En su momento Marx valoró el papel que desempeñó el capitalismo en ascenso, sistema que junto al desarrollo de la industria abrió paso a los mercados, nuevos sistemas políticos alentados por las ideas liberales, enfilando contra el andamiaje ideológico del feudalismo. El Estado-nación moderno sustentado en la democracia representativa, la soberanía nacional, la no injerencia de la religión en los asuntos estatales y educativos, entre otros, fueron aspectos progresivos y conquistas importantes en el devenir histórico de la humanidad.

La naturaleza explotadora y expoliadora del capitalismo ha tenido como contrapartida  las luchas de los trabajadores por la conquista de derechos laborales y ciudadanos, entre ellos la revaloración del papel de la mujer, la lucha contra el racismo y la discriminación, y también el combate por una nueva sociedad —el socialismo— donde la producción, en relación armoniosa con la naturaleza, esté al servicio del bienestar de las personas y, en correspondencia con ello, la asunción de cultura, valores y sistemas políticos que sintonicen con las aspiraciones de las mayorías. 

En su fase imperialista y neocolonial el capitalismo asume un papel regresivo y reaccionario. Interesado en el saqueo de materias primas y mercados donde colocar sus productos se opone al desarrollo industrial de los países sojuzgados, convive con formas de producción atrasadas y convierte a las burguesías nativas en representantes subordinadas e intermediarias de sus intereses. Por ello es que en países como el nuestro sobreviven formas de pensamiento atrasado, de sustrato feudal o semifeudal y  la democracia liberal siempre ha sido recortada, restringida o deformada. El machismo, el patriarcado, el racismo, el menosprecio por el trabajo manual y un sinnúmero de complejos son parte de la cultura dominante, que atraviesa al conjunto de la sociedad. 

Con la imposición del modelo neoliberal y los antivalores que les son inherentes el amasijo ideológico y cultural se ha complejizado y afianzado su carácter reaccionario, causando estragos en la mente de la gente. En el embrutecimiento de la población se dan la mano el sistema educativo, las iglesias retrógradas, los medios de comunicación, la industria cultural y de entretenimiento dominada por el imperialismo norteamericano.

Hace poco observé cómo chicas adolescentes de colegios clasemedieros se dedicaban a repartir volantes a favor de la marcha que bajo el lema “No te metas con mis hijos” presiona al Ministerio de Educación para que se elimine el enfoque de género del currículo escolar. En esta campaña manipuladora se esconden posturas machistas, patriarcales, homofóbicas y discriminatorias. Lo curioso es que en el ómnibus que tomé, un vendedor ambulante, después de ofrecer sus productos golosinarios, asimismo se dedicó a repartir los mismos volantes, acompañado del mismo discurso reaccionario. No hay duda, la caverna ha conseguido que hasta sus víctimas cumplan el papel de ser sus propagandistas y sustentadores de sus argumentos. En esto consiste la gran victoria ideológica que han logrado.

Por ello, la emancipación de la mente de los sectores populares es la primera condición para sacar a nuestro país del pantano en que se encuentra. A ello debemos dedicarle nuestros mayores esfuerzos.