CUSCO: ¿LA UNIDAD ES POSIBLE?

Por: Manuel Guerra

Superando serios escollos y derrotando a las posiciones provocadoras que pretendían boicotear el evento, se realizó el pasado 1 de junio el segundo Encuentro Nacional de Voces del Cambio en la ciudad del Cusco. A diferencia del primer Encuentro realizado en Huancayo el 26 de enero del presente año que contó con la presencia de Perú Libre, Nuevo Perú, MAS Democracia y el PCP, en esta oportunidad se logró, además, la participación de otras organizaciones políticas, entre ellas la del Partido Humanista, Fuerza Social y el Partido Comunista del Perú – Patria Roja, provenientes de Juntos por el Perú, con lo cual se ha logrado la más importante confluencia de las organizaciones de izquierda y progresistas peruanas de los últimos años.

Esto es un acontecimiento extraordinario y meritorio que responde al clamor unitario de las bases izquierdistas y del pueblo peruano y abre enormes posibilidades para el protagonismo político de estos sectores en un contexto en que se presentan vacíos políticos y la derecha está golpeada por la profunda crisis del Estado, el régimen político y la sociedad construidos bajo los parámetros del neoliberalismo.

No obstante, a pesar de los avances logrados no se puede afirmar que la unidad ya se haya establecido sobre bases sólidas. Los encuentros de Huancayo y Cusco son pasos iniciales de un proceso bastante complejo, en el que los niveles de unidad aún son frágiles e incipientes y están amenazados por factores internos y externos que, de no ser neutralizados, pueden llevar a la frustración de este esfuerzo.

La Declaración del Cusco, al colocar en el centro el proyecto de país que queremos construir, es una buena herramienta para consolidar los avances unitarios. Si esta visión hace carne en los sectores involucrados, entonces se habrá dado un gran paso y la unidad adquirirá la solidez necesaria para afrontar los tumultuosos escenarios de la política peruana.

También permitirá afrontar de la mejor manera el escenario electoral y las candidaturas, que siempre es un tema sensible y difícil de abordar. Si la unidad no parte de un proyecto de país, sino de las candidaturas y cálculos de curules, será muy difícil llegar a acuerdos o, en todo caso, se tratará de la unidad de la estrechez y el pragmatismo, inútil para el gran proyecto de transformar al Perú.

El escenario político presenta una extraordinaria oportunidad para la izquierda y el progresismo en su misión de abrir un nuevo rumbo al país. Oportunidad que solo puede ser aprovechada con una unidad que provenga de una visión grande de la política. Tenemos entonces un enorme desafío por delante que hay que resolverlo de cara a las masas y a un sostenido trabajo de bases. La unidad no se logrará solo con negociaciones por arriba, sino fundamentalmente canalizando el sentir de la gente, construyendo una correlación que imponga su dinámica unitaria desde abajo; entonces el sectarismo y el divisionismo tendrán un cada vez menor espacio de maniobra.