Por: Arturo Ayala Del Río

«No te encierres, Partido, en tus despachos. Hazte amigo de los chicos de la calle». Maiakovski.

La confirmación de sobornos realizados a altos funcionarios y a los propios expresidentes de los distintos gobiernos neoliberales por parte del capital transnacional del sector construcción ha generado una situación de crisis de la institucionalidad neoliberal y un amplio rechazo ciudadano.

Las prácticas nefastas del fujimorismo serian reproducidas en la fallida “transición democrática”, ya no fueron las privatizaciones, sino los grandes proyectos de infraestructura en donde se consolidaron redes corrupción del más alto nivel político para el enriquecimiento personal y la financiación de las campañas electorales que tenían como fin llegar a los cargos de administración pública para continuar esta vergonzosa secuencia.

Los viejos y nuevos partidos de derecha, reducidos a plataformas electorales caudillistas, han demostrado la hipocresía del modelo que defienden.  Han perdido toda legitimidad para ser interlocutores válidos entre la ciudadanía y el Estado. La burguesía nacional del sector construcción se convirtió en cómplice del robo, preocupándose de participar cómodamente de los mega-proyectos.

La corrupción impide que millones de peruanos accedan a salud y educación dignas, niega el desarrollo industrial y de la agricultura, desviando esos fondos al beneficio de las mafias de turno. Ha demostrado ser transversal e incluir a una serie de caudillos regionales y locales. Los casos expuestos mediáticamente son, al parecer, solo una pequeña muestra. La respuesta desde las instituciones es mínima, en una serie de oportunidades se cae en el aletargamiento judicial y la prescripción, como en el “Caso Comunicore”.

La burguesía nuevamente ha fracasado y su Estado Neoliberal hace agua por todos lados. No tenían a nadie mejor que PPK para administrar el neoliberalismo y falló estrepitosamente. A la reacción sólo le queda el fujimorismo para sostener este modelo. La derecha que se encuentra en el Poder Ejecutivo y el fujimorismo, cuyas diferencias son solo de forma, son representantes e implementadores del continuismo neoliberal.

Este escenario debe ser el punto de partida en donde, de manera unitaria, las fuerzas anti-neoliberales que apuestan por la regeneración moral, canalicen la indignación ciudadana. Dentro de esa corriente amplia y patriótica son los comunistas los que deben jugar un rol fundamental. Es en la disputa de los sectores populares en donde nos corresponde estar presentes. Recuperar la idea de la política como una posibilidad de transformación y bienestar colectivo, y no como sinónimo de corrupción.

A lo largo y ancho del país debemos agitar, organizar y movilizar el rechazo popular, proponiendo la refundación de las instituciones, con un Ministerio Público, Poder Judicial y Procuraduría efectivos y ajenos a la influencia de las mafias, es decir, la refundación de la república en el marco de una nueva constitución. La patria, hoy más que nunca, nos necesita.