Por: Arturo Galindo

Si quieres conocer una organización conoce su historia o, por lo menos, algunos hechos que marcan su estilo y sus métodos de acción.

Hechos que, en el caso de Sendero Luminoso, han sucedido a lo largo de sus años de acción, primero terrorista, luego durante el  período del llamado “acuerdo  político” sellado con el fujimorismo.

Equivocan quienes creen que la motivación de sus acciones, cuando se infiltra en las organizaciones sociales, responde a los intereses inmediatos de los trabajadores o la población. En el caso del magisterio, a la huelga que han iniciado con argumentos sindicales. Su objetivo es político y tiene una motivación estratégica: posicionarse como interlocutor frente a un gobierno que creen débil y presionar por la libertad de Abimael Guzmán. De allí su alianza directa o indirecta con el fujimorismo.

Vienen de una experiencia de guerra, cuya consigna fundamental fue ¡Salvo el poder todo es ilusión! Y para llevarla a cabo recurrieron a todos los medios y métodos incluso los más abominables.

El uso del miedo y el terror físico y sicológico fue uno de ellos, el más frecuente. Su objetivo fue siempre destruir la moral del adversario, paralizarlo y someterlo por el miedo. No la lucha política para ganarse el respaldo de la población, sino el miedo, el miedo siempre, además de la demagogia y la mentira, en competencia brutal con los promotores del terrorismo de estado. En el centro el pueblo, el hombre y mujer sencillos, víctimas propiciatorias de sus desmanes.

Lucanamarca, un distrito en la provincia de Huancasancos, Ayacucho, los pinta de cuerpo entero. La Comisión de la Verdad relató este suceso sangriento, verdadera ignominia humana, sólo comparable con el terrorismo de estado y  con las prácticas fascistas. Lucanamarca y Cayara son testigos elocuentes de este comportamiento en ambos bandos. Este Sendero Luminoso-Movadef-Conare sigue vigente hoy, sólo que con otra vestidura.

Nada mejor para ello que recurrir a las palabras de Abimael Guzmán, su jefe indiscutido, ante esta masacre aceptada por él y justificada, y reconocida apenas como un “exceso”. Escúchalo de su propia boca expresada en la llamada “conferencia del siglo” y  publicada in extenso en el diario “La Primera”, dirigida por sus secuaces.

La Comisión de la Verdad relata:

…”la incursión senderista en el pueblo de Lucanamarca y el ajusticiamiento realizado en la plaza de armas dejaron como saldo diecinueve víctimas mortales, así como varios heridos de gravedad. Al finalizar el ataque de Sendero Luminoso al distrito de Santiago de Lucanamarca, el 3 de abril de 1983, los subversivos habían asesinado a un total de sesenta y nueve personas, entre varones, mujeres y niños”.

La siguiente es la versión de Guzmán, “jefe” de Sendero Luminoso-Modavef-Conare:

“Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria respondimos contundentemente con una acción: Lucanamarca, ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, eso es lo real; y lo decimos, ahí hubo exceso, como se analizara en el año 83, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro problema era un golpe contundente para sofrenarlos, para hacerles comprender que la cosa no era tan fácil; en algunas ocasiones, como en ésa, fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas, así ha sido”.

Esas “mesnadas” fueron campesinos, mujeres, algunas de ellas  en cinta, niños, todos ellos desarmados, acuchillados, descuartizados a machetazos, destrozados sus cráneos, aniquilados para imponer el terror en el campo e impedir la presencia de las fuerzas armadas en el lugar. Crimen monstruoso teniendo como víctimas al pueblo, aceptado como un “exceso”, como algo sin mayor importancia, por el llamado “presidente Gonzalo” quién “planificó” la acción y dispuso las cosas”.

Este es Sendero Luminoso-Movadef-Conare, su historia, su trayectoria, su ejemplo. Respondan senderistas de hoy, militantes de Movadef-Conare, supuestos líderes populares. Demuestren lo contrario. Es el camino de sangre e ignominia que los marcará para siempre.

Aquí yacen las víctimas del senderismo. No lo olvides.