Por:  Winston Orrillo

“En su poesía se advierte un acento personal y una agudeza poco frecuente en el hallazgo del símbolo; así como también que el lenguaje compone una textura de muy sutiles asociaciones  formales y semánticas, e incluso de elegante humorismo; todo lo que hace luz sobre un universo poético original, sin desmedro de la postura militante que Corcuera asume frente a la realidad
Alberto Escobar

No todo son aciertos en las honras que, a veces dispendiosamente, otorga la Feria Internacional del Libro de Lima, pero esta vez, con la dedicada a la señera figura del gran poeta salaverryno Arturo Corcuera Osores, tuvieron –quién puede discutirlo- un absoluto gol de media cancha.

No solo porque la voz del bardo es inconfundible y se proyecta, con perfiles propios en la creación en nuestra lengua (no solo en la poética del entrañable Perú), sino en razón de que su originalidad ha logrado premios –preseas- internacionales y reconocimientos allende las fronteras patrias.

Así, el eximio poeta y crítico español, Carlos Bousoño, escribió, al recibir un libro del vate: “Pocas veces llega a nuestras manos un libro de verdadera poesía…”. Igualmente, el reconocido y múltiple –poeta,narrador, ensayista uruguayo, Mario Benedetti, expresó:”Corcuera es un valor indiscutible no solo de la poesía de su país, sino también de América Latina”

Al premiar su poemario, en el internacionalmente famoso concurso de la Casa de las Américas, de la Patria de Martí, se lee como veredicto del Jurado. ”Corcuera es una de las voces más interesantes de nuestro continente. El alto grado de fabulación, la riqueza de las metáforas, la profundidad y el humor con que fueron asumidas y la búsqueda de un lenguaje lírico original, hacen de
`A bordo del Arca´ una obra significativa de la poesía hispanoamericana contemporánea
”.    Firman, entre otros, Douglas Bohórquez (Venezuela), Horacio Salas (Argentina), Nicolás Suescún (Colombia), Natalia Toledo (México) y Georgina Herrera (Cuba).

De nuestro Perú, basta citar al eminente crítico Alberto Escobar(del que hemos tomado el epígrafe), y lo que dicen el perínclito Emilio Adolfo Westphalen:”excelente poeta”; y el muy querido “Toño” Cisneros, quien manifiesta: “gran poeta. Ha enriquecido nuestras vidas”.

Pero no sólo él es un alarife de las formas poéticas-con esa sui generis simbiosis entre magia y pedregosa realidad-todo lo cual revela una sólida formación –no creemos en el espontaneísmo apócrifo- basada en lecturas de los clásicos del siglo de oro a los que, sabiamente, combina con la entrañable Generación del 27 de la España eterna.

Corcuera es, asimismo, alguien comprometido en la defensa del hombre, de los (hoy) tan maltratados “derechos humanos”. Como lo hemos dicho más de una vez, no hay causa ni combate por los secularmente atropellados, que no merezca su adhesión; para comenzar, en nuestros pueblos latinoamericanos, con la Patrias de Bolívar, Martí, Sandino y Allende, a la cabeza, así como en el apoyo a las dignidades de Evo Morales y Rafael Correa, entre varios otros, puntos neurálgicos que el reconocido “enemigo común” no tolera ni tolerará (¿hay necesidad de, hoy, trumpizarlo?).

Todo esto, pues, abona su merecimiento para el presente galardón, que no solo es una presea a un relevante autor peruano,  con obras que han alcanzado miles de ejemplares como su Declaración de Amor o Los Derechos del Niño y su reconocido Noé Delirante.

Asimismo no es a un creador con galardones en España, Italia, Rumanía, Chile y Cuba, quien obtuviera, en el Perú, los Premios Nacional de Poesía, así como el César Vallejo yJosé María Eguren, y con obra traducida a más de diez idiomas.

No basta todo lo expuesto: la FIL Lima, 2017, se honra al romper esa vocación tanatofílica, que nos es tan repudiada, y saluda a un creador integérrimo y a un hombre que , a diferencia de muchos (que sobran), pone su obra, su pluma, al lado de la lid por hacer la vida más humana, más creativa o, en general, alejada de la proclividad que hoy parece medrar en ese conducirnos –el no respeto al cambio climático es solo un ejemplo- a la desaparición de la vida en este planeta que nos ha parido, y al que tenemos la perentoria obligación de defender irrecusablemente.