Por: César Barrera Bazán

Existen formas perversas de ocultar, debilitar y hasta diluir el rol de las masas populares y la valía de sus líderes y conductores que supieron superar lo anecdótico y trascender para convertirse en referentes históricos de su clase, de sus luchas por el cambio y la justicia social. Es lo que por interés antagónico hacen las clases dominantes en defensa del sistema, su sistema. Falsifican la historia y la acomodan a su medida; inventan héroes y líderes de su clase y ocultan y/o distorsionan el rol y relieve de las masas y los conductores populares. Que el conservadurismo lo haga no nos debe extrañar. Está en lo suyo, defienden lo suyo.

Lo que debe preocuparnos – en no pocos casos – es que esto se dé desde algunos sectores del propio espacio popular y se contribuya a esa distorsión y rebajamiento de la valía, ejecutoria y valores de sus propios líderes e íconos. Ello ocurre sea porque se ha terminado por asumir la “historia” oficial de las clases dominantes, o ya no interesa ni conviene hacer de los principios, valores y convicciones de los líderes que hicieron historia con sus enseñanzas y ejemplos de conductas a seguir. Ello ocurre en los diferentes niveles y se agrava con la hegemonía ideológica neoliberal tan plena de fragmentación individualista, de olvido interesado de la verdad e identidad histórica, de inmediatismo, utilitarismo y aprovechamiento rampantes.

Este 07 de marzo, sumamos 33 años de la partida del maestro Horario Zeballos Gamez, nuestro camarada y amigo, “Amaru”, fundador y líder histórico de nuestro SUTEP. Encontramos dos formas de conmemorar su memoria. La primera, a la que adherimos desde siempre, es la que hace pedagogía de su convicción socialista, de sus principios de clase, de sus valores, entrega y ejecutoria doctrinaria y política, consecuentemente, su adhesión y entrega total, hasta el sacrificio, a los intereses de las masas y al socialismo, las matrices que explican su conducta. Solo así encontramos la razón de su inmenso espíritu fraternal y solidario, su sencillez, honradez y desprendimiento comprobados, el cariño a sus pequeños alumnos, a su escuela, a los maestros, al pueblo, a sus amigos, su sensibilidad de artista y de padre amoroso. Es el Horacio de convicciones, que trasciende la anécdota y se entronca con la Historia, al que recordamos, homenajeamos y cuyo ejemplo continuamos.

Lo otro, son los “homenajes” rituales que se hacen por cumplir con una fecha congelada del calendario con actos formales y de rutina, llenos de frases de rigor y de anécdotas que se mueven en la superficie y castran de contenido principista, las convicciones y valores que marcaron la conducta de Horacio (o se les toca mecánicamente, pero no se les practica). Ese es el tipo de homenaje que conviene a la “historia” oficial de las clases dominantes orientadas  a ocultar el rol de las masas, sus organizaciones y sus líderes en la larga lucha por el cambio y el socialismo.

Los maestros y líderes populares, hemos de seguir aprendiendo de Horacio, de su compromiso principista y de su entrega, de la historia integral del movimiento magisterial y del SUTEP histórico, de su rol protagónico en lo educativo, social y político durante décadas, de su íntima relación con sus alumnos, padres de familia y el movimiento popular, de su profundo conocimiento de la conducción estratégica y táctica, de sus aportes alternativos en lo pedagógico y educativo, que hiciera que otros sectores proclamaran orgullosos estar “luchando a la manera del SUTEP”. Recuperar en toda sus dimensión la identidad y el espacio del SUTEP histórico es hoy una necesidad, aun bregando a contracorriente. Asumamos ese compromiso, ese será el mejor homenaje al maestro y amigo Horacio, el camarada “Amaru”.