Por: Bernardo Dolmos Vengoa.

El pueblo cusqueño tradicionalmente luchador, heredero de una gran civilización Inka,  durante la nefasta e infausta imposición colonial sufre un 31 de marzo del año 1650, un terrible terremoto que casi destruye la ciudad del Cusco, prácticamente se registraron más de 400 réplicas de temblores que generó zozobra, desesperación, calles, casas destruidas, muertes y heridos; especialmente de la población marginal. La tierra temblaba permanentemente, y toda la población salía despavorida a las plazas a guarecerse y buscar algún cobijo, sin tener absolutamente a nadie que le dé un poco de aliento.

Según narraciones de historiadores, la población casi enloquecida se avalancha hacia la catedral del Cusco para sacar de su altar al Taytacha que ahí veneraban, obligando a los clérigos y monjas a salir de sus claustros para que entre rezos y responsos escuchen la confesión de los pecadores ricos, señores poderosos de horca y cuchillo, dueños de solares, abusivos corregidores, hacendados rapaces y gobernantes de turno que siempre engañaron y lucraron a expensas de los pobres de la región; que no les interesaba para nada la cultura y la historia de nuestros antepasados Inkas. Curiosamente se azotaban con disciplinas y cargaban cirios amarrados con sogas al cuello, se arrastraban de rodillas por el suelo, asimismo esas damas que resplandecían en procesiones ostentando lujurias, estaban llenas de harapos, descalzas, desgreñadas y untadas de ceniza arrepintiéndose de sus pecados.

Todos, junto al pueblo de indios y mestizos que salieron de sus humildes viviendas estaban ante el Taytacha. Era la conducta de un pueblo que se juntaba y unitariamente se calmaba y serenaba en la esperanza y compromiso de reconstruir la Capital del Imperio de los Incas que fue castigada por la furia de la naturaleza. Es que la fe mueve montañas, los cusqueños compungidos y reflexionando en su futuro, iniciaron la reconstrucción de la ciudad, con la gran esperanza de cambiar la sociedad y la conducta de gobernantes y gobernados. Y desde esa fecha lo denominaron el Taytacha de los Temblores.

Por eso en semana santa, el día lunes, nuestro pueblo compungido y reflexionando en su futuro, esperanzado en cambiar la sociedad, la conducta de gobernantes y gobernados, sale a las calles, llenando la plaza de armas para recibir la bendición del Taytacha de los Temblores.

Nuestra patria que sufre la furia de la naturaleza con los huaycos que ha desbastado numerosas poblaciones, también sufre el gravísimo huayco de la corrupción generalizada que ha enriquecido a mafias enquistadas en el estado con gobernantes y funcionarios corruptos. Así como exigimos la inmediata reconstrucción de vías, puentes, colegios, hospitales y atención planificada a la población damnificada, también exigimos la sanción ejemplar para los corruptos.

Nuestro pueblo, heredero de la gran civilización Inca, tiene fe y esperanza en su futuro. Tiene tradición de lucha y combate, derrotamos a dictaduras y regímenes corruptos. Ahora luchamos por un nuevo modelo económico con crecimiento sostenido, que permita la inversión en el aparato productivo y manufactura, mejores sueldos y salarios, que la salud y educación sean obligatorios y gratuitos, la justicia social y los derechos humanos sean respetados por igual, que sancionen ejemplarmente a los corruptos y exista moralización sin impunidad, que no haya más niños descalzos, hambrientos, pidiendo limosna o cantando en los carros para obtener un pan para sobrevivir.

Es hora de reflexionar por el futuro, pongámonos de acuerdo en un Proyecto Nacional de Desarrollo Integral; Que el Estado sea fuerte y garantice el futuro de los peruanos. Requerimos una Nueva Constitución Política y un Proyecto Nacional de largo aliento que siente las bases de una Nueva República, que inicie la transformación de nuestra sociedad, caso contrario, existe el peligro de entrar en una gran confrontación social sin precedentes. El hambre del pueblo, la desocupación y la marginación social no esperan.

Nuestro pueblo nuevamente, se organiza y empieza a luchar por mejores condiciones de vida, por aumento de sueldos y salarios, por una autentica descentralización económica, política y administrativa. Los peruanos requerimos un nuevo modelo económico con crecimiento sostenido y bienestar para todos, sin corrupción.

Que la semana santa ayude en la reflexión y permita deponer actitudes y unifique voluntades por el bien de la patria y el Cusco. Las organizaciones gremiales, sindicales, políticas y el pueblo organizado con la fe y esperanza de un nuevo Perú así lo queremos. Especialmente a las autoridades regionales y municipales que trabajen por el pueblo y eviten actos de corrupción como sus antecesores.

Para propios y extraños, como hace 367 años el Taytacha de los Temblores seguirá encarnando esperanza de los más necesitados; recorriendo triunfante las calles del Cusco, liderando una gran manifestación popular en el Huacaypata, dando su bendición a los feligreses. El pueblo entre oraciones, cánticos y ñucchus rojos, seguirá firme en su esperanza y convicción de seguir en la lucha por tener una sociedad sin explotadores ni explotados, con bienestar, desarrollo y justicia social.

Cusco, 07 de Abril del 2017.